Me encomiendan la tarea de hablar de “niños índigo” como inicio de columnista en este blog y veo que es ardua y difícil materia. Al principio pensé en no hacerlo e inmediatamente me dije: ¿porqué no? En peores situaciones te has visto.
Bien, quiero decir que no soy psicóloga, tengo contacto con bastantes niños superdotados desde hace años y me he limitado a investigar diferente documentación: libros, blogs….No he tenido la oportunidad de desplazarme hacia diferentes lugares donde viven personas que indican que los niños índigo existen; por lo que deben de considerar mi escritura como una oportunidad de reflexión frente a un tema que produce gran controversia.
Con respecto al tema que nos concierne, creo que primeramente se debe separar claramente dos conceptos bien diferenciados: por un lado está la creencia que cada persona pueda tener sobre un determinado tema, y por otro lado tenemos la demostración científica de la existencia de algo. Que no haya verificaciones de la existencia de algo no quiere decir que sea falso, hay muchas cosas que no están al alcance de la explicación científica.
Ivonne Mencken define los niños índigo como: “son seres humanos más sensibles y gentiles que el resto de la gente. Muchos de ellos manifiestan a temprana edad que nacieron en la Tierra para fomentar el amor, la paz y un estado natural de felicidad… Desde muy temprano manifiestan propósitos muy concretos en la vida, como existir con mayor intensidad, actuar bondadosamente, cancelar la crueldad sobre las criaturas de los demás reinos vivientes y recrear la Sociedad. No soportan los actos violentos, no admiten coacciones ni amenazas, suelen dar respuestas muy puntuales y certeras en situaciones donde se sienten chantajeados o manipulados. Emotiva, espiritual, intuitiva y anímicamente son hipersensibles e inventivos”
Hay personas que piensan que los “niños índigo” se han convertido en un tema central de la New Age y en un gran negocio difundido a través de conferencias, libros, seminarios, cursos, págs. webs….Ahí queda en el tintero. Hablar hoy de negocio, que todo es negocio tampoco sorprende.
Con respecto a la definición de “niño índigo”, aparecen en algunos autores varios conceptos como, alto C.I. y capacidades extrasensoriales y/o paranormales. En todos los momentos de la historia siempre han existido seres con habilidades extraordinarias y han sido aceptados con júbilo y alegría.
Ann Tappe explica que los seres humanos irradiamos “capas áuricas” con determinados colores y declara haber visto las auras de estos niños con una intensidad azul índigo, de ahí su denominación.
El aura. El aura es al menos, según mi entendimiento, la energía que existe alrededor del ser humano aparentemente imperceptible por su ojo, pero que con una serie de ejercicios, éste al final podría percibirlo. Hoy en día hay muchos cursos para que cualquier persona pueda aprender a ver el aura. En mi opinión y sin tener demostración científica al respecto, pienso que el aura puede ser una especie de campo electromagnético, que existe igual que el aire. El aire se puede demostrar porque todos absolutamente todos sentimos en nuestro rostro su presencia cuando está en movimiento. Como todos sentimos sus efectos, lo damos por demostrado. El aura, no lo ve todo el mundo, por lo que no puede ser dado por demostrado. El que lo ve lo sabe. El que no lo ve, puede o no puede creérselo.
Desgraciadamente yo no he visto hasta la fecha ninguna cámara Kirlian que haya funcionado correctamente, lo cual no quiere decir que no existan. Para los no avezados en estos temas, sólo deseo indicarles que cámaras Kirlian son aquellas cámaras fotográficas que supuestamente tienen la capacidad de fotografiar el aura.
Por un ángulo, existe la polémica de que con tan sólo hablar de “niños índigo”, se está haciendo referencia a la discriminación y por otro, se especifica que no es una discriminación racial, sino una evolución de la raza humana. Dependiendo de cómo se planteen ambas posturas, pueden tener una connotación u otra y, en definitiva, dependen en cada caso del interlocutor.
En un blog he leído que a un padre de un niño al que le habían diagnosticado como índigo decía: “Deben cuidar a sus hijos y protegerlos de cualquier cosa que afecte su normal desarrollo y crecimiento. No los compartan como si fueran los salvadores de este planeta. Si realmente lo son, no harán nada a esta edad, y si no lo son, provocarán una desilusión tremenda entre Vds. Trabaja con él como lo harías con cualquiera de tus hijos, si es más inteligente, apóyalo… sólo eso”.
Comparto ampliamente lo que dice este padre. A los niños hay que protegerlos. A todos. Y también hay que protegerlos de la ciencia, y del abuso de medicaciones que en algunos casos se realiza, aún cuando los efectos secundarios podrían ser en proporción más perjudiciales que el beneficio producido con el remedio. Todos los niños requieren las mismas atenciones, cada uno con sus propias particularidades. En la igualdad se halla la diversidad. Que exista igualdad entre los hombres, supone y significa que a cada uno hay que darle y/o pedirle en función de lo que cada uno es. Y como siempre digo: Somos iguales pero diferentes.
Algunos autores dicen que los niños índigo provienen de extraterrestres, no sé si será cierto o no; mi intuición me dice que no es cierto. No es necesario acudir a los extraterrestres para poder entender que puedan existir personas así. La raza humana tiene la entidad suficiente como para evolucionar por sí misma y mutar como hasta ahora ha venido realizando, sin la necesidad de cruzarse con un extraterrestre para avanzar en su recorrido.
Por otro lado hay que diferenciar si existe la posibilidad de que exista alguna persona según la definición expuesta de “niño índigo” y mi opinión es que sí. Y otra cosa es que se hable de una ingente cantidad de “niños índigo”, que hasta el momento no se han manifestado; pues desconocemos que estén. Lo cual no quiere decir que no estén ocultando sus identidades.
También se habla de que los “niños índigo” aparentemente son producto de una mutación genética, que la estructura genética del ADN es diferente al resto, que tienen ácidos nucleicos combinados de tal manera que producen más codones que el hombre corriente. Creo que la demostración de los niños índigo empezaría primeramente por aquí. ¡Vaya! voy a enterarme de cómo se puede hacer un análisis del ADN, y si puedo me lo voy a hacer. ¡Qué curioso! Nunca me lo había planteado, puede ser muy pero que muy interesante. Si al final me lo hago, ya les comentaré los resultados.
La controversia más dolorosa es la producida sobre si los niños con síndrome de Asperger podrían ser niños índigo o viceversa. No he conocido este tipo de niños, con lo cual no soy quien para dar ninguna opinión, sino sólo la información que he encontrado.
Al respecto, Sharyl Jacson, defensora de los “niños índigo” decía: “Estoy convencida de que veremos un drástico aumento en el número de niños autistas. En realidad, estos son niños cristal, que son tan sensibles, tan vulnerables al mundo que los rodea, que se vuelven hacia dentro, se desconectan lo mejor que pueden para sobrevivir en un mundo en el que todavía no encajan”.
La mayoría de las opiniones de los que están en contra de la existencia de los “niños índigo” y hablan de “niños autista” coinciden en que dicen por lo general: “Los niños con Síndrome de Asperger desean relacionarse con los demás niños y tener vida social, pero muchas veces, al fallar en ello se resignan. Aceptan su soledad al ser objeto constante de burlas, risas y desconsideraciones por parte del resto de los niños.”
Luego, frente a este problema real que existe en estos niños autistas, sabemos fehacientemente que están en cierto modo aislados del mundo exterior, pero me temo que no terminamos de saber el motivo. Tal vez alguien lo sepa porque pueda comunicarse telepáticamente con ellos y así sea o tal vez debamos esperar a que un autista sea capaz de explicarnos qué es lo que le está sucediendo y cuál es la causa que hace que se produzca su aislamiento.
Este es un tema muy, muy delicado. Por encima, podría decir que aquí puede haber una mezcla de un poco de todo, tal vez niños detectados con “Síndrome de Asperger” que dicen son “niños índigos” no lo sean o al contrario; porque a veces, cuando no entendemos algo, lo podemos meter en un cajón desastre. Y éste existe, por desgracia, tanto para la denominada “pseudociencia” como para la ciencia.
Después de leer y leer e informarme, he visto, que no se ha hecho suficiente. No estoy convencida de que realmente, a una serie de niños diferentes, se les esté diagnosticando realmente por lo que son. Y eso indica muchas cosas. Una parece abocar a: ¿tan poco nos interesan los niños que no aunamos esfuerzos para averiguar que sucede cuando se nos presenta un niño diferente a los demás? ¿Cómo podríamos aunar esfuerzos entre todos para averiguar como podemos ayudar a estos niños? Sin ánimo de ofender a nadie, creo que algo está fallando, no lo estamos haciendo bien. Porque si nos equivocamos en un don, podemos destrozar las ilusiones de muchas personas y efectuar un daño psicológico, y si nos equivocamos en una enfermedad, podemos medicar a un inocente indefenso y producirle tambíen un daño tal vez irreparable.
Como he dicho al principio, no soy una erudita en este tema ni me dedico a él. Me he limitado a tomar opiniones y contrastar. Esta es la sensación que me queda, y un gran vacío que me deja. Hablamos sólo de Cuerpo y Mente. Se nos ha olvidado hablar del Alma y el Espíritu. Algo nos está faltando.
Tal vez existan los “niños índigo”. Por el momento, no puedo demostrar científicamente la existencia o no de los “niños índigo”, pero sí que he visto el reflejo de la bondad en la mayoría de los niños que he conocido hasta la fecha.
Y saco a colación a un gran genio, Rousseau. Rousseau pensaba que el hombre, en estado ideal es bueno, feliz y no tiene vicios. Pensaba que era la sociedad formada, la que le inducía a todo esto.
Para Rousseau, la competición, la desconfianza, el deseo de fama y, en general, los vicios, no se encontraban en la naturaleza humana, sino que eran introducidos por la sociedad en el hombre.
Así asentaba: “El hombre es bueno por naturaleza” “Sentemos como incontestable máxima que siempre son rectos los movimientos primeros de la Naturaleza: no hay perversidad original en el pecho humano; no se halla en él un solo vicio que no se pueda decir cómo y por dónde se introdujo”.
Rousseau inquiría: “¿Qué me importan a mí los delitos de Catalina? ¿Tengo miedo de ser víctima suya? ¿Pues por qué le miro con tanto horror como si fuera mi contemporáneo? No sólo aborrecemos a los malos porque nos hacen mal, sino porque son malos. No sólo queremos ser felices, también queremos la felicidad ajena; y esta felicidad, cuando no nos cuesta nada, aumenta la nuestra”
Rousseau indicaba que cada cual busca su conservación; el hombre tiene amor de sí mismo y este amor es útil y bueno, por lo que se deduce que el amor de sí mismo no conduce necesariamente ni a la competición ni a la desconfianza hacia los demás. Estos sentimientos sólo pueden introducirse en el hombre cuando el amor de sí mismo se transforma en amor propio. El amor de sí mismo lleva al hombre a amar a los demás, gracias a quienes el hombre se conserva. El hombre, primero se hace consciente de que necesita de los demás para su conservación, después, los ama.
Por el momento comparto con Rousseau la existencia de la bondad innata del ser humano reflejada en los niños. ¿Y porqué no pensar que el amor no ha de transformarse en amor propio, sino en amor hacia los demás? Pero luego miro a mi alrededor y pienso ¿Qué falló en el camino? ¿Cómo es que los niños se estropearon al hacerse adultos? ¿Qué es lo que les hemos dado para que se hayan echado a perder tanto?
Para finalizar y como conclusión, no digo ni que existan ni que no existan los “niños índigo” sino que para confirmar una u otra cosa hay que demostrarlo. Tampoco hay pruebas ni investigaciones científicas de la existencia de Dios, como no se puede probar por medios físicos el amor. El amor todos lo hemos sentido y por eso todos decimos que existe. Y queda por hablar de Dios. Algunos han sentido su presencia y otros no, por lo que no nos podemos poner todos de acuerdo sobre su existencia. Pero la creencia es única, indiscutible y merece respeto. Creer se puede creer, cada uno en lo que desee.
Buscar más alternativas que la ciencia, me parece positivo e interesante, pero siempre hay que ir con pies de plomo, porque frente a la ignorancia pueden surgir personas equivocadas que nos confundan.
¿Y quién no nos dice que Dios (el que crea en él) no tenga un plan divino para mejorar la humanidad que viene? Porque ojalá así fuera, ya que la que tenemos actualmente por ahora ha demostrado ser un auténtico fracaso. Sería milagroso y es maravilloso imaginar, sin ningún tipo de racismo, que todas las razas humanas avanzan hacia un mejor hombre, del hombre que piensa al hombre que ama.
Y si algún día todos llegamos a tener todo tipo de percepciones extrasensoriales: telepatía, telekinesis, sanaciones… Si todo el mundo tuviera estas capacidades, lo veríamos como algo normal y nadie se preocuparía por nada. Tal vez así dejaríamos de perder el tiempo inventando cientos de mentiras a nuestra conveniencia, porque sólo con una mirada del otro nos hallaríamos reflejados. Tal vez así sólo se pudiera ver la pureza interna de nuestra alma, desnuda frente al resto, sin ningún tipo de miedos, ni de frustaciones que nos limitaran para manifestarnos como nuestro propio ser dictara en cada momento.
Me defino como “buscadora de la verdad” y sin embargo, pienso que nadie es poseedor absoluto de ella. Me gusta tener cuidado con la vanidad, opino que tan negativo es afirmar rotundamente algo desconocido como negarlo. Entre el negro y el blanco hay muchos grises y es bello ver todo el colorido. No debieran de existir ni los incrédulos ni los crédulos, el equilibrio está en el término medio. En definitiva, tampoco estoy a favor de la caza de brujos.
Pero os aseguro que, si de alguna manera algún día pudiera demostrar la existencia grupal de los “niños índigo” en el mundo que hoy existe, claramente no lo haría, me limitaría a protegerlos.
Finalizo lanzando una llamarada: aquellos que se sientan identificados por completo como “niños índigo”, pueden ponerse en contacto directo conmigo. Garantizo la máxima confidencialidad en aras de protección de su intimidad.
Fdo: Mercedes Gil García.